Escrito por 11:53 Género

Lectura viva – 8M

Por Cami Grippo

Hace un tiempo se acercó la China —antes hubiera dicho una conocida, hoy digo una compañera, una amiga— con una propuesta: participar de una intervención artística previo al 8M. Sería el sábado 7 de marzo en una casa cultural hermosa, en Villa Elisa. Me motivó enseguida la idea, primero por seguir produciendo desde lo artístico, conjugar mi trabajo de escritura y lectura con lo performático, camino que estoy transitando en los últimos tiempos; segundo, por el encuadre del evento que incluiría diversas disciplinas y un fiestón con cuatro djs increíbles del under platense; tercero, por el marco político y social actual que afecta, lógicamente, a nuestra lucha. Venía charlando con algunas amigas sobre volver a encontrar este camino, volver a encauzar la marea en retirada, en descanso. La marea va y viene, y hay que aprovechar cuando se hace presente y se come la arena.

El evento fue perfecto en varios sentidos, principalmente por la interdisciplina que se propuso —lectura, poesía, improvisación teatral, fuegos prendidos, música en vivo y baile, mucho baile—y por la calidez y el compromiso con que cada una asumió su rol. Por las ganas del encuentro, de hacer con otras, de tener una motivación más allá de lo propio. Porque fueron muchas amigas y amigos, porque se sintió el calor. Este tipo de cosas son el impulso, son el reencuentro y no veo mayor precisión que retomar este día, el 8M, con este ímpetu de organización y andamiaje. Me encuentro contenta a pesar del desconcierto y de tanta injusticia que sigue dando vueltas. Dejo aquí el texto que escribí para este encuentro, que leí en voz alta frente a un altar precioso, repleto de velas, donde formamos una ronda y me escucharon respetuosamente. Como me dijo un pibe que se quedó mirando desde la puerta y luego me crucé en la cola del baño: “Visto desde afuera parecía un aquelarre”.
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Manifiesto, del latín manifestus, refiere a algo evidente, palpable, que está a la vista. En un sentido político es una declaración pública que sienta las bases o articula los principios de un grupo u organización.

Con esta lectura viva quiero compartir con ustedes lo que pensé y escribí para este encuentro, dejando la palabra abierta para luego plasmar nuestros sentires: Cada una acude con su asunto particular, con sus temblores y gozos que a veces se comparten, y otras se guardan. Nos reunimos, acá y ahora. Hay hechos claros —manifiestos— que nos envuelven a todas y de los cuales no podemos escapar: la cruda realidad social que vivimos todos los días, los males de nuestra época, que fueron cambiando —y muchos otros son los mismos— desde el 2015 hacia acá.

Me paro desde el 2015 porque creo que ahí es donde empecé a autoproclamarme feminista. Quizás allí me hice ese tatuaje evidente, empecé a salir a la calle, me encontré con otras en el Ni una menos, conocí personas que tenían las mismas angustias que yo, me peleé con gente, me puse en una posición incómoda. Me movilicé, desperté algo que tenía dormido, se hizo visible lo profundo. Seguramente hubo momentos previos, momentos de claridad, escenas específicas que me hicieron posicionarme ahí. Cada una tendrá su origen, su porqué, su causa, pero, de alguna u otra manera, la marea que fuimos conformando nos trae a este punto, y nos llama.

Siento un desgaste hoy en día: estamos cansadas, hartas de hablar siempre de lo mismo. Como me dijo una amiga, hace poco: “¿otra vez tenemos que salir a la calle?” Por momentos urge olvidarse de todo y disfrutar, cosa muy merecida. Y está muy bien: enhebrar lo agrio con lo dulce, el baile con el llanto, la miseria con la abundancia de gritos y tambores. Es necesario ser ese híbrido, humanas con contradicciones, con dudas, cansancios y abandonos. Humanas que desean y comparten la alegría.

Una idea del filósofo Derrida me viene obsesionando hace rato, y por motivos que me explico a mí misma y ahora a ustedes, tiene que ver con nuestro encuentro de hoy. Él decía que “la democracia siempre está por venir”. Que no está dada, que no tiene fin. No debemos darla por sentada. Esta idea la asocio inmediatamente con el feminismo, porque el feminismo es, para mí, sinónimo de democracia. Creo que las luchas feministas siempre están por venir. No se agotan ni tienen resoluciones totales. Hoy vemos resurgir viejos discursos, todo se pone en discusión de vuelta. Por lo tanto, hay que seguir caminando hermanas. Pero no solo caminar o llorar conviene al caso, sino también cantar, gritar, bailar, insultar, mover, distorsionar, pelear, confrontar, disfrutar, gozar, rabiar, reclamar, innovar, mirar y crear. Agreguen ustedes todos los verbos que quieran. Agreguen muchos, porque nuestra marcha no se detiene.

Es esta una mirada pesimista y esperanzadora a la vez (mucho cuidado con la esperanza, perra vieja si las hay), es una mirada ambigua porque hay una repetición, un reencuentro con viejas heridas, un lamento eterno. Pero también hay un llamado, una convocatoria, un encuentro vivo: somos muchas, cada vez más. Los años nos distancian, el tiempo apesadumbra nuestro espíritu, pero a la vez nos quita el temor, nos da firmeza. Cuando pensé que ya no tenía espacios, surgió esta propuesta, esta disritmia. Sí, hay esperanza.

Las mareas llevan el ritmo del mar: van y vienen, avanzan y retroceden. Se comen la arena o se retiran a descansar. Nuestra marea es multicolor y tiene un brillo incandescente que se ve a miles de kilómetros de distancia. Un brillo que puede dejar ciego a cualquiera. Estamos vivas porque, en principio, alguien nos miró, nos cuidó y nos amó. Acá nos encontramos con otros ojos para leer, escuchar, bailar y gritar. Y seguimos porque aún falta por venir.

Esta lectura está viva, este manifiesto está abierto. Por último y porque creo que ninguna voz está sola, quiero compartir un poema de la poeta uruguaya Cirse Maia:

POR DETRÁS DE MI VOZ

Por detrás de mi voz
-escucha, escucha-
otra voz canta.
Viene de atrás, de lejos;
viene de sepultadas
bocas y canta.
Dicen que no están muertos
-escúchalos, escucha-
mientras se alza la voz
que los recuerda y canta.
Dicen que ahora viven
en tu mirada
(sostenlos con tus ojos,
con tus palabras,
sostenlos con tu vida,
que no se pierdan
que no se caigan).

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