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Lulazo: Lula Da Silva ganó el ballotage en Brasil y será presidente por cuarta vez

En una elección histórica, el candidato del Partido de los Trabajadores revirtió el resultado de la primera vuelta y obtuvo la victoria por más de 4 millones de votos. Flavio Bolsonaro no reconoció el resultado y denunció irregularidades por la extensión del horario de votación. Un freno a la avanzada de ultraderecha en la región.

 

Por Juan Manuel Vera Visotsky para Otro Viento

 

Luis Inacio Lula Da Silva asumirá por cuarta vez la presidencia de Brasil el próximo 1 de enero. En una jornada histórica el candidato del PT se impuso por sobre Flavio Bolsonaro 51,79% a 48,21% realizando una verdadera hazaña ya que necesitaba revertir nada menos que 5 millones de votos respecto a la primera vuelta y que Bolsonaro no creciera mucho. 

El resultado final arrojó un crecimiento de más de 10 millones de votos para Lula da Silva y de apenas 3 millones para Flavio Bolsonaro con crecimientos (e incluso algunas sorprendentes victorias) en todas las ciudades importantes de Brasil. En las ciudades de Río de Janeiro, São Paulo, Salvador de Bahía Lula dio el batacazo y se llevó la victoria. También revirtió resultados como el caso del Estado de Minas Gerais, que en primera vuelta había perdido y en la segunda ganó.

Durante el día de la elección se vivieron momentos de tensión ya que en Estados clave donde se preveía que Lula era fuerte hubo problemas con el transporte. Puntualmente en los Estados de Salvador de Bahía y San Pablo la campaña de Lula denunció que el transporte público redujo su frecuencia e incluso dejó de funcionar en sectores donde habitan votantes de bajos ingresos.

“Nadie puede dejar de votar porque algún empresario sinvergüenza o algún alcalde de mala calaña, bandido, intentó impedir que el pueblo votara”, afirmó el presidente ante periodistas que lo esperaban frente a su vivienda en Sao Paulo. El PT solicitó a la Justicia la extensión del horario de funcionamiento de los centros electorales en las localidades perjudicadas.

La justicia hizo lugar al pedido del comando de campaña de Lula y extendió el horario de votación hasta las 19 horas (originalmente iba a ser hasta las 17 horas) en los Estados de Sao Paulo, Salvador de Bahía, Santa Catarina y Rio Grande de Sul. En estos dos últimos se registraron fuertes lluvias que provocaron inundaciones, cortes de luz y retrasos en los lugares de votación.

El Tribunal Supremo de Justicia intervino judicialmente para que se regularice el transporte público en los Estados mencionados. La polémica en ese caso recayó sobre un funcionario del bolsonarismo: Pablo Souza, Secretario Municipal de Movilidad de la ciudad de Salvador (capital del estado de Bahía, cuyo gobernador es aliado de Bolsonaro) fue arrestado tras ser acusado de sabotear el transporte público reduciendo drásticamente la flota de autobuses para obstaculizar el traslado de votantes durante el balotaje.

Lo mismo sucedió con el secretario de movilidad local de Sao Paulo (también gobernada por bolsonaristas), Celso Jorge Caldeira, por desobedecer las directivas del Tribunal Electoral de regularizar el transporte público.

A las 17 horas comenzó oficialmente el conteo, pero estas órdenes judiciales extendieron el horario de votación y retrasaron el conteo, que se retomó oficialmente pasadas las 19. En un principio, Bolsonaro tomó la delantera en el escrutinio, pero pasado el 25% de mesas escrutadas, la tendencia se revirtió. A las 22 horas con más del 90% de los votos contabilizados la tendenció se volvió irreversible y el tribunal electoral dio por ganador a Lula Da Silva.

Desde su bunker en Sao Paulo, Lula esperó algunos minutos a que Flavio Bolsonaro reconociera la victoria. Pero el llamado nunca llegó. El presidente electo dio entonces un discurso frente a la militancia en el que dijo: “Voy a gobernar para los 215 millones de brasileños. Esta victoria no es de Lula o de Alckmin. Es de ustedes, del pueblo brasileño que impidió que el fascismo llegara al gobierno de este país”. También dijo que nunca creyó que un candidato “pudiera mentir tanto” en referencia a Bolsonaro.

El presidente electo anunció que este cuarto mandato será el último de su carrera presidencial, que buscará “transformar nuevamente Brasil” y que impulsará regulaciones para las plataformas digitales (como META, fuertemente cuestionada y acusada de ayudar explícitamente a Bolsonaro en la campaña) y que propondrá la creación de una Inteligencia Artificial Brasileña para “no depender de desarrollos extranjeros”.

Por su parte, Flavio Bolsonaro habló inmediatamente después de Lula y aseveró que “las elecciones tendrían que ser anuladas”. Es una canallada lo que sucedió”, dijo el candidato del Partido Liberal en referencia a la extensión de los horarios de votación. Durante las últimas horas de la elección, cuando la tendencia del conteo mostraba que la derrota era probable, la militancia digital bolsonarista comenzó a cuestionar la decisión del tribunal electoral de extender el horario de votación.

Así las cosas el bolsonarismo parece decidido a repetir la estrategia de 2022, cuando Jair Mesias Bolsonaro tampoco reconoció la derrota e impulsó un asalto al palacio del Planalto, lo cual fue considerado un golpe de Estado por el poder judicial. Para que esta estrategia tenga efecto Bolsonaro necesita la inestimable ayuda del presidente norteamericano Donald Trump, quien no felicitó a Lula Da Silva una vez cerrada la elección.

Cabe mencionar que la enorme mayoría de los presidentes latinoamericanos reconocieron y saludaron al nuevamente electo presidente de Brasil, con excepción de Javier Milei de Argentina y Delcy Rodríguez de Venezuela.

Las tres semanas que separan la primera vuelta del ballotage estuvieron marcadas por las grandes movilizaciones de masas de los dos partidos que llegaron a la segunda vuelta. Sobre todo destacaron las manifestaciones de los simpatizantes del PT en las principales ciudades del país: en Brasilia, Rio de Janeiro, São Paulo, Rio grande do sul y Bahía el partido de Lula Da Silva dio una demostración de fuerza en las calles.

Las contundentes imágenes y videos de las marchas a favor del PT y en contra del bolsonarismo demuestra que hay una base social que, más allá del resultado, está dispuesta a continuar el legado del líder sindical que comenzó su camino político organizando marchas contra la dictadura allá por fines de los años 70.

La estrategia electoral de Lula Da Silva durante estas semanas tuvo como objetivo interpelar a los más de 30 millones de personas que no fueron a las urnas el 4 de octubre. Los más de 9 millones 300 mil votos que sumaron los partidos que no entraron al ballotage también fueron una pecera para buscar por parte de ambos candidatos, aunque el perfil de estos otros candidatos era más cercano a los Bolsonaro.

El bolsonarismo no se quedó atrás y protagonizó enormes movilizaciones. El último día de campaña, el sábado 24, comenzaron con una caravana en Belo Horizonte (Minas Gerais) y finalizó con una concentración y caravana multitudinaria en Barra da Tijuca, en Río de Janeiro. Las bases sociales de ambos partidos son duras y han demostrado capacidad de movilización en todo el país.

La elección del 4 de octubre dio como resultado una conformación en las cámaras de diputados y senadores proclive al bolsonarismo. Lula Da Silva tendrá que lidiar con un Congreso nacional a priori muy complejo y de tendencia ultraderechista. Sin embargo sobre este punto, el electo presidente afirmó que “así como a mí me eligió el pueblo brasileño, al Congreso lo eligió el pueblo. Y voy a trabajar con ellos porque así fue el mandato del pueblo”.

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