Vení, vení frustrate ya…

Por una de las cosas que más agradecida al feminismo estoy, es por haberme enseñado que en el mundo Cris Morena, además de magia, canciones, bailecitos, paz y amor había una cultura gordoodiante transversal a todas las producciones, y me arriesgo a decir, constitutiva de la trama y el discurso.

“Vos, si bajás un poco” le dijo Cris Morena a Jey Mammon en su propio programa, haciendo gestito de gordura cuando hablaban de quién podría participar en un hipotético reestreno de Jugate Conmigo. Porque claro que es así en el mundo de les rebelde way, les casi ángeles y las chiquititas, la gente es flaca, en lo posible rubia y alta o será el blanco de todos los chistes que se refieran al cuerpo posibles.

Cuando crecimos con mis amigas y volvimos a ver imágenes de Casi Ángeles o cuando se subió Rebelde Way a Netflix (sí, nuestro problema es que todavía hay algo de ese mundo que nos atrapa y nos hace seguir consumiendo, pero a la vez pasamos del entretenimiento al desagrado sin escalas) nos ocurrió a todas lo mismo, “las gordas” de la serie eran mucho PERO MUCHO más flacas de lo que nuestra mente de niñas recordaba y había mucho PERO MUCHO más odio hacia ellas y sus cuerpos que lo que nuestra mente pre feminismo podía decodificar.

¿Cómo no nos íbamos a odiar? si le decían gorda hasta la flaca. ¿Cómo no nos iba a angustiar ir a comprar ropa? si la que promocionaban en la serie (además de carísima) era ínfima. ¿Cómo no nos va a doler el cuerpo de tanto pensar que éramos todo lo que estaba mal? si cada diálogo de los programas giraban en torno al cuerpo de los personajes, giraba en torno a qué forma de cuerpo te permitía estar o no habilitada a recibir amor. “No te quiere porque estás rellenita”, “ayer rompí la dieta, comí una medialuna”.

Crecimos evitando comer para poder llenarnos de estereotipos, bronca y dolor, pero el feminismo fue más fuerte y se va llevando de a poco todo esa angustia, toda esa incomodidad, esa incapacidad de saberse sujeta de deseo y de desear, ahora estamos en un nuevo viaje y

-nos alimentamos de coraje-

Ilustración: Sheila Clidas