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Lula contra Bolsonaro: todo lo que hay que saber sobre Brasil y una elección clave para América Latina

El próximo domingo 4 de octubre el pueblo de Brasil irá a las urnas para definir un nuevo mandato presidencial por cuatro años. Los favoritos son Lula, el actual presidente que busca su cuarto mandato y Flavio Bolsonaro, hijo de Jair Bolsonaro, que cuenta con el apoyo del gobierno de Donald Trump.

Por Juan Manuel Vera Visotsky para Otro Viento

Este domingo 4 de octubre están convocados a las urnas alrededor de 158 millones de personas brasileñas, y si nadie supera la mayoría de los votos válidos habrá segunda vuelta el 25 de octubre. La disputa se concentra en dos nombres: Luis Inacio Lula da Silva, de 80 años, que aspira a un cuarto mandato, y el senador Flávio Bolsonaro, de 45, que buscará un nuevo mandato del clan familiar tras la presidencia de su padre Jair Mesias desde 2018 a 2022.

Parece poco probable que haya un nuevo presidente el 4 de octubre por la noche: para ganar en primera vuelve en Brasil se debe obtener la mayoría absoluta de votos válidos, es decir, más del 50% de los votos totales válidos. A pocos días de la contienda el escenario se muestra sumamente polarizado. Si bien hay varios candidatos, los dos mencionados concentran más del 70% de intención de voto. Lula apuesta de todos modos a acercarse lo más posible a una victoria en primera vuelta; mientras que Bolsonaro sabe que si consigue una victoria por pocos puntos o una derrota por poco, llegaría con importantes chances a la segunda vuelta.

¿Cómo llega cada candidato a la elección? El balance del tercer gobierno de Lula

Lula llega a la elección con un balance económico que el oficialismo considera beneficioso: el Gobierno subraya un desempleo del 5,4% en julio, una inflación interanual del 4,22% en agosto (número alto para lo que suele tener Brasil pero más bajo que el año anterior), aumentos del salario mínimo por encima de los precios y la exención del impuesto a la renta para quienes ganan menos de 5.000 reales. La medida alcanzó a 15 millones de contribuyentes y se compensó con una alícuota mínima del 10% para unos 140.000 contribuyentes de altos ingresos.

En el plano del desarrollo, Brasil volvió a salir del Mapa del Hambre de la ONU y aprobó una reforma tributaria largamente reclamada por el empresariado. Pero el cuadro de situación también tiene sus problemas. Hacienda recortó al 2% su proyección de crecimiento para 2026, desde el 2,3% anterior. La deuda pública subió unos diez puntos en este mandato y supera el 82% del PIB, mientras las tasas de interés altas y las apuestas online corroen los presupuestos familiares.

En políticas sociales, el gobierno del PT restableció los programas sociales que Bolsonaro había desmantelado, y recientemente anunció un aumento del 15% en la Bolsa Familia a partir de octubre para unos veinte millones de familias, que según el equipo económico se financiará con recortes en otras partidas. La contracara es el escándalo del INSS. Un esquema de descuentos ilegales en haberes previsionales afectó al menos a 6 millones de los 40 millones de beneficiarios. Costó la renuncia del ministro de Seguridad Social y rozó al hermano del presidente, a través de un sindicato de jubilados.

Ese desgaste pesa en la aprobación: el 49% desaprueba su gestión y el 46% la aprueba, lejos del casi 80% de apoyo con el que cerró sus dos primeros mandatos.

Flavio Bolsonaro, el “hijo moderado” del ex presidente condenado por golpista

Del otro lado está Flávio Bolsonaro, un candidato que empezó a existir a escala nacional por decisión de su padre Jair, quien lo ungió desde una celda de la Policía Federal en Brasilia. Abogado, fue diputado estatal en Río a los 21 años y senador a los 37. Su primera fortaleza es el apellido: le bastó para quedar en poco tiempo en empate técnico con Lula, a pesar de una campaña discreta. La segunda es el estilo. Algunos analistas lo consideran más afable y accesible que su padre, aunque igual de ubicado en la extrema derecha. La tercera es el terreno: la seguridad es la bandera de mayor peso del bolsonarismo y un área donde Lula (y los progresismos latinoamericanos en general) no logran buenos resultados para exponer.

En economía propone mirarse en el espejo argentino: el modelo a seguir es el de Javier Milei, con quien hizo campaña en un viaje que hizo el argentino especialmente para dar su apoyo. Y cuenta, al igual que su padre en su momento, con el inestimable apoyo de Donald Trump.

Las debilidades son igual de visibles. Él mismo reconoció, con humor, que “es difícil comparar al hijo de Pelé con Pelé”. El PT señaló que en siete años de Senado sólo logró aprobar un proyecto. Además, llegó a sostener que las urnas brasileñas provienen de la empresa venezolana Smartmatic. Crónicas críticas señalan que los aliados del Centrão mantuvieron distancia de su lanzamiento.

Ambos candidatos comparten un techo: el 55% de los encuestados dijo en una medición previa que no votaría a ninguno de los dos bajo ninguna circunstancia. Con estos números sobre la mesa el escenario más probable de cara a este domingo es un ballotage entre Lula y Bolsonaro.
La oposición restante es amplia, pero está lejos. La Justicia Electoral oficializó 13 fórmulas presidenciales. Se trata de los partidos del denominado “centrao”, partidos que en el congreso nacional tienen poca representación pero que terminan siendo claves para aprobar legislaciones, con lo cual los gobiernos de turno siempre terminan negociando partidas presupuestarias para llevar adelante sus leyes.

En el último sondeo de la consultora Datafolha los siguientes candidatos aparecen con bajos porcentajes de intención de voto: Augusto Cury 5%, Ronaldo Caiado 4%, Renan Santos 3% y Romeu Zema y Samara Martins 1% cada uno. Caiado, médico, productor rural y exgobernador de Goiás, compite por el PSD junto a Gilberto Kassab y se presenta como alternativa a la polarización. Zema, gobernador de Minas Gerais, es el referente del liberalismo económico por el Partido Novo.

El jugador (externo) clave: EE UU de Donald Trump

El tablero geopolítico es la otra gran variable. Desde Washington Trump se inclina con claridad por Flávio Bolsonaro. El antecedente es duro: en 2025 el juicio a Jair Bolsonaro se convirtió en argumento para un arancel extraordinario, revocación de visas y sanciones al juez del Supremo Tribunal Brasileño Alexandre de Moraes. Esas sanciones fueron levantadas el 12 de diciembre, pero la presión siguió. En julio, Washington confirmó aranceles del 25% sobre productos brasileños y el Gobierno respondió activando la Ley de Reciprocidad Económica.

Flávio pidió al USTR postergar nuevas medidas hasta después de las elecciones, para evitar una “victoria política” de Lula. Esto encendió las alarmas en el campamento del PT, hasta el punto de que la inteligencia brasileña alertó de un nivel crítico de presión estadounidense y de una posible injerencia. Desde la ONU, Lula afirmó que Brasil “no cabe en el patio trasero de nadie”, y utilizó la rivalidad con el vecino del norte y la soberanía del país como eje de campaña. Un ejemplo fue un spot en el que acusa a la Casa Blanca de querer “colonizar” Brasil.

En este contexto, Lula fue hábil para mantener un canal abierto con Trump. Tras una llamada telefónica con el Presidente norteamericano, Lula reactivó las negociaciones arancelarias, aunque se espera que Washington aguarde a que pasen los comicios.

Tanto Trump como Lula saben que esta elección será clave para el futuro inmediato de América Latina. Brasil representa casi la mitad del territorio de sudamérica y cuenta con más de 214 millones de habitantes, lo que lo convierte en un territorio estratégico a nivel mundial y sumamente gravitante para el tablero geopolítico internacional.

Una victoria de Bolsonaro podría profundizar el giro a la ultraderecha en la región y sería sumamente funcional a los intereses de Trump en la región que supo denominar “our hemisphere” (nuestro hemisferio). Una victoria de Lula en cambio, equilibraría la balanza y podría hasta poner un freno al avance de la oleada de ultraderecha en la región. La moneda está en el aire.

Los estados clave

El Sudeste se perfila como el botín decisivo que definirá la presidencia, al concentrar casi el 43% del electorado nacional y acaparar los últimos días de campaña de ambos candidatos. São Paulo, el mayor colegio electoral con 34,1 millones de votantes, muestra a Flávio Bolsonaro liderando con una ventaja de entre 6 y 8 puntos sobre Lula, impulsado por el gobernador Tarcísio de Freitas. Minas Gerais, segundo mayor colegio electoral y conocida como “la balanza” de las elecciones desde 1989, registra un empate técnico que lo convierte en el estado más disputado y decisivo. Río de Janeiro, tercer mayor colegio y bastión histórico del bolsonarismo, mantiene una ventaja sólida de Flávio (alrededor de 6 puntos), aunque Lula ha recortado distancias en las últimas semanas.

En paralelo, el Nordeste se consolida como la fortaleza que Lula busca blindar, con una ventaja histórica y amplia en sus nueve estados, aunque la atención está puesta en las reñidas disputas por los gobiernos estatales donde su apoyo resulta crucial para los aliados. Bahía y Ceará, bastiones del PT, ven a Lula reforzar a Jerónimo Rodrigues y Elmano de Freitas frente a la dura competencia de ACM Neto y Ciro Gomes, respectivamente, mientras que Pernambuco y Alagoas presentan empates técnicos que obligan a movilizar la base para inclinar la balanza. A esto se suma un tercio del electorado que se considera independiente, cuyo voto —movilizado por el miedo al regreso de Bolsonaro o a la reelección de Lula— se concentra precisamente en Minas Gerais, São Paulo, Río de Janeiro y Goiás, estados donde se espera que al menos 14 gobiernos se definan ya en primer turno, incluyendo São Paulo, Santa Catarina y Mato Grosso do Sul.

La campaña: el caso Banco Master, las “bets” y una carrera que se estrechó

La sombra más larga sobre la campaña tiene nombre y apellido: Daniel Vorcaro, el dueño del Banco Master, hoy preso. En septiembre se supo que Flávio Bolsonaro es investigado desde julio, por orden del juez del Supremo André Mendonça, por presunta corrupción, lavado de dinero y evasión de divisas. La causa se vincula con el financiamiento de “Dark Horse”, la película sobre su padre. En mayo había admitido que pidió dinero para el filme a Vorcaro, y la cifra ronda unos 12 millones de dólares, según mensajes que circularon en el celular del banquero, en los que lo trata de “hermano” y le recuerda los pagos atrasados. La fiscalía judicial también mira el papel de su hermano Eduardo (quien tuvo intenciones de ser candidato pero fue inhabilitado por la justicia al igual que su padre por la participación en el Golpe de Estado de 2023) en la gestión de esos recursos. Flávio niega esas irregularidades y pidió que se levante el secreto de todo.

El resto del expediente familiar es conocido. Jair cumple en su casa una condena de 27 años y tres meses por la trama golpista. El Congreso anuló el veto de Lula a la ley de dosimetría con 318 votos contra 144 en Diputados y 49 contra 24 en el Senado. Si el Supremo lo confirma, la condena bajaría a 22 años y un mes.

Durante la última etapa de la campaña electoral, la inteligencia artificial generativa ocupa un lugar importante, al igual que en los debates de la política mundial. Ya en el lanzamiento de la candidatura, una crónica crítica destacó que el mensaje de Jair Bolsonaro fue un discurso creado con IA. Después vinieron los videos falsos y las demandas. Hubo también dos debates cancelados porque Lula y Flávio avisaron que no irían, y Lula decidió faltar al último de Globo para apostar por una entrevista y un podcast, mientras Flávio confirmó su asistencia y desafió públicamente al presidente. El presidente del PT, Edinho Silva, aseguró que Lula “quiere confrontar a Flávio” y se quejó de que las reglas no estaban definidas.

A once días del día de la elección clave apareció el movimiento más audaz del oficialismo: la prohibición de las casas de apuestas, también llamadas “Bets”. El viernes 25 de septiembre Lula firmó una medida provisional que veta la operación, oferta y publicidad de apuestas en línea en todo el país, incluidos los juegos autorizados por gobiernos estaduales. La medida rige de inmediato, pero necesita el aval del Congreso en 120 días, y fija el 5 de octubre como fecha límite para que los usuarios retiren sus fondos.

El presidente la definió como “dura, drástica y necesaria” y comparó las “bets” con el cáncer. Flávio Bolsonaro, en tanto, la tildó de “populista, hipócrita y con motivaciones políticas”, aunque, irónicamente, aclaró que vetaría los casinos virtuales si gana. En el comando de Lula creen que la medida será bien recibida en un escenario de extrema paridad, y esa misma fuente sostiene que el 75% de los brasileños apoya la propuesta.

El propio Gobierno había regulado esa actividad desde 2023 y otorgó 85 autorizaciones de 30 millones de reales cada una, aunque las apuestas virtuales aparecieron con fuerza en 2017 durante el gobierno del interino Michell Temer tras la destitución de DIlma Rousseff. Varios clubes grandes de fútbol del país protestaron: Flamengo advirtió que la prohibición “afecta en lleno al deporte brasileño”. En respuesta, Lula ironizó al afirmar que “mi Corinthians fue campeón del mundo dos veces sin bets”.

¿Qué dicen las encuestas?

Que Lula lidera, pero que la brecha del balotaje es mínima. La consultora Quaest lo ubica con 39% contra 34% de Flávio en primera vuelta. Datafolha le da 40% a 36%, y 47% a 45% en el balotaje. Nexus, a su vez, registra 42% a 37% en primera vuelta y 46% a 44% en segunda. La geografía marca la diferencia: Lula supera a Flávio en el Nordeste por 55% a 25%, mientras el hijo de Bolsonaro es más fuerte entre los electores de mayores ingresos. Vale una lectura de proceso: el impacto del caso Master se sintió en los sondeos de junio y julio, cuando Lula pasó a liderar casi todas las encuestas, y luego el foco se corrió hacia el caso de su hijo.

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