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Mesías Guevara: “En Perú se privilegia lo macroeconómico por sobre lo social”

Mesías Guevara fue candidato a presidente por el Partido Morado en las elecciones del 12 de abril, que dieron por ganadora a Keiko Fujimori. Conversó con Otro Viento sobre el escenario político de inestabilidad que vive Perú desde hace una década. Aseguró que tiene conversaciones con Roberto Sánchez, candidato que podría llegar a la segunda vuelta a disputarse el 7 de junio. 

Por Juan Manuel Vera Visotsky para Otro Viento

 

¿Cómo llega Perú a la elección del 7 de abril? ¿Qué lectura hace del contexto?

Llegamos a una etapa bastante compleja. Los que están en el Congreso tejieron toda una malla electoral en la que eliminaron, por ejemplo, las PASO, y al final tuvimos como 38 partidos políticos dentro de una contienda electoral. Además volvieron a la bicameralidad, pero para elegir senadores los partieron en dos: elegidos en distrito múltiple y luego en distrito único, lo cual generó bastante confusión. La cédula de votación era grande, muy grande. Y ahora ya a la segunda vuelta ha pasado la señora Fujimori otra vez.

Pero con un nivel de votación relativamente baja

De los votos válidamente emitidos ella saca 17%, pero si considerás los votos emitidos en general, primero está el ausentismo, segundo el voto en blanco y nulos, tercero “los otros” —un pelotón de unos 30 candidatos con un promedio del 20%— y en cuarto lugar recién estaría la señora Fujimori. Yo creo que de los votos emitidos ella debe estar en un 12% aproximadamente. El voto del Perú en este proceso ha sido muy atomizado.

Todavía está en disputa quién pasaría a segunda vuelta. El señor López Aliaga, que es un fundamentalista conservador, está gritando fraude por todo lado. El proceso electoral debió haberse concluido, pero él obligó a que el jurado haga una auditoría. Nos estamos entrampados, porque ya deberíamos saber quién va a la segunda vuelta y en lugar de eso seguimos así. Roberto Sánchez hasta ayer, según el conteo le estaría ganando a López Aliaga por cerca de 23.000 votos. Muy fino, muy ajustado.

¿Por qué cree que hubo tanto ausentismo, abstención y voto en blanco?

El peruano en general está bastante desconectado de la clase política. Por eso en el Perú existe una alta informalidad que golpea mucho a la economía y al bienestar de las familias. El ausentismo es alto, aunque ha disminuido en relación a años anteriores. Hay gente que prefiere no emitir su voto porque siente que no le va a resolver los problemas: “¿Para qué voy a ir si no va a pasar nada?”.

 

¿Cree que esa segunda vuelta sería similar a la que hubo entre Keiko Fujimori y Pedro Castillo?

La votación que tiene Roberto Sánchez, más que de él, es de Pedro Castillo. Es un voto que sus votantes creen que es una manera de reivindicar a Pedro Castillo, más que como presidente, como persona. Creen que él ha sido avasallado, humillado, secuestrado incluso para algunos, porque muchos exigen su libertad. Entonces más que un voto a favor de Roberto Sánchez, es por la reivindicación de Castillo como persona, no como presidente: sienten que le arrebataron la presidencia.

Y ese voto tiene base territorial en la sierra

En la zona rural es fuerte. En nuestra región de Cajamarca, de donde somos él y yo, por ejemplo, estaría metiendo cinco de los seis diputados. Pero ahora me sorprende que Roberto Sánchez también haya ganado en el norte, en grandes ciudades como Trujillo, Chiclayo, Piura. O sea que no solamente ganó en la sierra, sino también en la costa norte.

En una segunda vuelta suele ganar quien menos rechazo junte. ¿Cómo ve ese escenario? ¿Cree que la sociedad estaría dispuesta a votar a Fujimori nuevamente?

En la última encuesta (de hipotética segunda vuelta) ha salido que Roberto Sánchez ya le pasó por un punto. Keiko Fujimori partió con 17 puntos y Roberto Sánchez se estaría acercando con 12 al cierre de la primera vuelta. Aparentemente ya la superó, lo cual debe ser en este momento una preocupación para la señora Fujimori.

¿Podría tener conversaciones con Roberto Sánchez ante un hipotético escenario de segunda vuelta, para una posible alianza en el Congreso?

Yo con él siempre hemos conversado. No tengo ningún problema, porque conversar no es pactar, como se dice acá en Perú. Incluso cuando él fue ministro (de Comercio Exterior y Turismo durante la gestión de Pedro Castillo), yo era gobernador en Cajamarca y siempre mantuvimos el diálogo. Con él tenemos un canal abierto.

¿Y con Keiko Fujimori?

No, con ella no. El fujimorismo ha hecho demasiado daño al Perú: lo ha corrompido, lo ha saqueado, ha deteriorado la gestión pública. Desde el Congreso han hecho las leyes pro crimen y pro mercantilistas que han querido. Esta señora no quiere al Perú.

En los últimos años Perú tuvo varios presidentes, hubo destituciones. ¿A qué cree que se debe esta inestabilidad política y social? Desde acá llama la atención que convive con una notable estabilidad económica.

En Perú tenemos un Banco Central de Reserva que es autónomo, está blindado, son quienes dictan la política monetaria y son muy rígidos. Eso hace que la inflación esté controlada. Por otro lado, el peruano ya no se sorprende de que cambien de presidente tan seguido, en parte porque hay mucha informalidad y la gente se gana la vida de espaldas al Estado prácticamente. También teníamos un Ministerio de Economía y Finanzas bastante fuerte que no permitía un déficit fiscal alto. Pero eso protege la economía a nivel de crecimiento, no de desarrollo. Por eso el Perú es el país con mayor desigualdad: la riqueza está concentrada en pocas familias. Los indicadores macroeconómicos están muy bien, pero a nivel de microeconomía y de desarrollo estamos muy mal. Ni siquiera hemos podido regresar de los niveles de pobreza extrema a la época prepandemia, porque se privilegia lo macroeconómico sobre lo social.

¿Cómo se podría resolver ese problema de desigualdad?

Lo que tenemos que hacer en el Perú es una gran transformación de la gestión pública: hacer que el Estado sea eficaz y transparente. Para eso se requieren cambios fundamentales en la Ley Orgánica del Ejecutivo, en la Ley de Municipalidades y en la Ley de Descentralización, porque los tres no están trabajando de manera articulada. Planteamos crear agencias especializadas y generar confianza para promover la inversión pública y privada, que es lo que necesitamos para generar empleo. También hay que ampliar el mapa de la riqueza, medir la informalidad y fortalecer el ministerio social.

¿Y respecto a las familias que concentran grandes riquezas?

Bueno, ellos que sigan con el poder que tienen, porque tampoco se lo puede confiscar. Pero sí considero que deberíamos ampliar el mapa de la riqueza y fortalecer lo social: hay que generar empleo, promover la inversión pública y privada, y por supuesto tratar de reducir la informalidad.

¿Qué visión tiene del mapa geopolítico de Sudamérica y cómo debería posicionarse Perú, sobre todo ante las políticas de Trump hacia el continente?

Perú está en una posición preocupante por su ubicación en la cuenca del Pacífico. China construyó un megapuerto en Chancay: de manera silenciosa, sin aspavientos, ya están recibiendo grandes embarcaciones que se ahorran más de veinte días al evitar los puertos de Estados Unidos y el canal de Panamá. Además, la empresa china Cosco Shipping hizo un contrato con el aeropuerto Jorge Chávez para tener cerca de 11 hectáreas dentro del aeropuerto con hangares propios. O sea que de Chancay al Callao hay kilómetros muy cortos: la idea es traer productos por ese puerto y distribuirlos vía aérea a toda Sudamérica.

Eso ha generado que Estados Unidos reaccione de manera muy prepotente. Ya hay una guerra comercial y geopolítica entre Estados Unidos y China en el Perú, a tal punto que Estados Unidos obligó a Perú a comprar 12 cazabombarderos F-16 por cerca de 3.000 millones de dólares, y va a repotenciar la base naval del Callao con cerca de 1.300 millones, todo con inversión peruana, para lograr un equilibrio geopolítico con China.

Estoy preocupado porque en cualquier momento el Perú puede convertirse en algo tipo los Balcanes: la disputa entre China y Estados Unidos por controlar su ubicación estratégica. Mi posición es que el Perú debería tener buenas relaciones con ambos y con la Unión Europea, una relación multipolar.

¿Y a nivel sudamericano?

En este momento estamos muy divididos. Por un lado está el bloque de Colombia con Venezuela, y en otro Ecuador, Argentina y Chile. Lo único que podría unirnos por ahora es el tema comercial. Pero el Perú, en los próximos años, va a ser el centro de una gran conflictividad tecnológica, comercial, financiera y hasta militar. China y Estados Unidos lo están viendo como un botín. Y además China y Brasil quieren construir un tren que venga desde Brasil hasta el Perú para aprovechar el puerto de Chancay y evitar el Atlántico. Si antes Chile tenía los mejores puertos del Pacífico, hoy ha quedado en clara desventaja, y eso también los tiene preocupados, porque Chile es el aliado natural de Estados Unidos.

 

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