Estábamos hablando con mis amigues y de pronto llegó la pregunta ¿y si hacemos la apostasía? Por alguna cosa u otra de la vida nos encontramos todes bautizades, algunes escalamos más alto, confirmación, comunión, eso que nos han hecho hacer de niñes por ir a una escuela privada o simplemente por la necesidad de pertenecer o como más de una abuela justificaría “para salvar nuestro alma”. 

Alguna o otra cosa de la vida en realidad son mandatos sociales que nos han inculcado a fuerza de culpa y penitencia. Por supuesto no es mi rol acá venir a cuestionar las formas de explicar el mundo que cada une elige, pero ahí mismo está el problema, la elección.

Cuando iba a la escuela católica me dijeron que yo no podía: que no podía estar con otra mujer, que con mi cuerpo debía hacer lo que hacer lo que otres me indicaban, que si mis amigos varones se besaban estaba mal, que si yo faltaba a misa, estaba más cerca del infierno que del cielo. Me dijeron que si me pasaba algo, la culpa era mía, de mi ropa, culpa, culpa y más culpa, con la que no nos enseñaron a lidiar, sino a padecer. 

“Cuando tenía 13 años, el cura me preguntó si ya había cogido con alguien y yo le estaba contando que mi mayor pecado era haberle contestado mal a mi mamá” dijo otra amiga, y si no íbamos a confesarnos, no ponían un uno en catequesis, pero yo no me quería confesar porque preguntaba demasiado el cura. 

“A nuestro cura lo habían echado del vaticano y a nosotros si se nos caía la pelota de ese lado nos daba miedo ir a buscarla”, porque para la iglesia católica todo disfrute está vedado, pero no hay un dogma que condene a rajatabla la pedofilia, y que después de 2 mil años de historia le tenemos que agradecer al Papa que se pronuncie en contra. 

No se puede negar el rol social que cumplen la iglesia y las iglesias en nuestro país, son refugio de muches, consuelo, creencia, contra la fe no existe agnosticismo que triunfe porque nada vulnera la voluntad de creer, pero el miedo, la culpa, el poder, por qué tenemos que vivir bajo dogmas y una ética que nos atravesó el cuerpo durante tantos años.

¿Debemos seguir siendo un Estado que destine millones a subvenciones a iglesias católicas que por años nos enseñaron que todo lo que somos estaba mal? Hoy es jueves santo y nunca me podría jamás quejar de un feriado, pero gracias a una diputada pro aborto clandestino hemos llegado a esta conclusión, es hora ya de:

-sacar a Dios de la constitución-

Ilustración: Sheila Clidas